9 nov. 2008

Un museo de la tolerancia lleno de discordia

¿A quién se le ocurre construir un Museo de la Tolerancia sobre un cementerio musulmán en plena ciudad de Jerusalén?

Esta es la cuestión que ha traído la discordia en Jerusalén, el proyecto de un enorme y costoso Museo de la Tolerancia diseñado por Frank Gehry y financiado por el Centro Simon Wiesenthal para levantarse sobre el cementerio musulmán más antiguo de la ciudad santa. Pero el caso viene de largo, dos años de litigio judicial, han dado finalmente luz verde al proyecto. Gehry se pondrá manos a la obra proximamente para la construcción del museo, a pesar de las duras críticas que esta recibiendo, como la de la crítica de arquitectura del diario Haaretz, Esther Zandberg, "no podía ser un arquitecto más sarcástico para una ciudad donde la tolerancia es cero".


En un emplazamiento donde aún reposan las lápidas islámicas, en un cementerio fundado hace cuatro siglos. Varias organizaciones musulmanas recurrieron al Supremo en 2006 para impedir la construcción del Museo, pero han fracasado con una excusa por parte del Supremo "Como en 1960 se construyó un aparcamiento en parte del recinto y no hubo objeciones, tampoco ahora debe haberlas".

Pero como el eterno descanso es algo sagrado y merece veneración, el tribunal ha concedido 60 días a los gestores del museo para mover los restos a otro lugar e instalar una barrera que separe los cimientos del edificio de las tumbas.

Pero no deja de resultar irónico el hecho, 30.000 metros cuadrados y 200 millones de euros para la construcción de un museo dedicado a la tolerancia y la coexistencia en una ciudad carente de recursos y de las más pobres de Israel. Al lado del museo además se construye un hotel de lujo desvirtuando el perfil de la ciudad, una ciudad donde sus preciosas casas otomanas quedan escondidas bajo las altas torres de viviendas de nueva construcción o bajo el nuevo puente instalado en la ciudad obra de Santiago Calatrava.

"El aire de Jerusalén está saturado de rezos y sueños, como el aire de las ciudades industriales. Es difícil respirar". Poeta israelí Yehuda Amichai.