7 dic. 2012

Gran retrospectiva de Giacometti en la @FundacionPROA

“Una exposición de Giacometti es un pueblo. 
Esculpe unos hombres que se cruzan por una plaza sin verse; 
están solos sin remedio y, no obstante, están juntos”.
Jean Paul Sartre
 

Hasta el 9 de enero de 2013 se puede disfrutar en la Fundación PROA (Buenos Aires) de la gran retrospectiva de "Alberto Giacometti: Colección de la Fundación Alberto y Annette Giacometti, París".


La comisaria de la muestra Véronique Wiesinger ha conseguido reunir 148 obras realizadas entre las décadas de 1910 y 1960, en su mayoría procedentes de la Colección de la Fundación del artista en París, así como un conjunto de piezas de colecciones privadas de Argentina y Brasil.

Alberto Giacometti (1901-1966), considerado uno de los artistas más destacados del siglo XX realizó los iconos más fuertes y emblemáticos de ese siglo. Nace en Suiza pero con apenas 21 años se traslada a París, ciudad que por entonces albergaba a los artistas que vivían la efervescencia cultural de las primeras vanguardias.

"Alberto Giacometti: Colección de la Fundación Alberto y Annette Giacometti, París" aborda los principales temas de su reflexión creativa: la formación con Cézanne, la influencia del cubismo, el descubrimiento del arte africano en los años 20, la marca perdurable del pensamiento mágico y del surrealismo, la invención de una nueva representación del ser humano. También se alude a la constante búsqueda intelectual de Giacometti que le permitió acercarse a los grandes pensadores de su época: André Breton, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Jean Genet, etc. muchos de ellos retratados en sus cuadros y esculturas.

La muestra se inicia con la presentación de sus primeras pinturas, dibujos y esculturas, disciplinas que practica a lo largo de toda su vida, y culmina con sus obras monumentales de los años 60. Con cualquiera de las disciplinas, hablar de Giacometti es hablar de la irrupción del vacío, del silencio, de la subjetividad, y de la peculiar y singular manera de representar la figura humana.

La exposición comienza en la sala 1 con "Los comienzos. El descubrimiento del arte primitivo" donde se presentan las obras de juventud y las primeras esculturas de sus comienzos parisinos (1922-1928). Además de su primera pintura al óleo, realizada a los 14 años, y su primer busto esculpido, la pequeña Tête de Diego sur socle (Cabeza de Diego con base) de 1914. 

En 1922, Giacometti se muda a París para estudiar en la Academia de la Grande-Chaumière, donde aprende de Antoine Bourdelle, influencia que se verá reflejada en sus dibujos de desnudos. También realiza sus primeras esculturas cubistas, que revelan la influencia de Jacques Lipchitz y Fernand Léger.

Giacometti se interesa por el arte africano tardíamente, en 1926, cuando ya no era una novedad para los artistas modernos de la generación precedente, como Picasso y Derain. De hecho, se había vulgarizado hasta devenir decorativo. Las dos obras de Giacometti que llamaron la atención del público por primera vez Femme-cuillère (La mujer-cuchara) y Le Couple (La pareja)– fueron expuestas en 1927 en el Salón de las Tullerías, París, y dan testimonio de la conmoción que produjo en el joven artista el descubrimiento del arte africano.


Le Couple (Pareja), 1927 
Colección de la Fundación Giacometti, Paris, inv. 1994‐0185 
© Succession Giacometti / SAVA, 2012

Durante 1929, Giacometti frecuenta a Carl Einstein, autor de "La escultura negra" (1925), libro de referencia sobre arte africano, y a Michel Leiris, quien se convertiría en un especialista en arte del pueblo dogón. El arte no-occidental tuvo una influencia perdurable en la producción de Giacometti, pues le permitió alejarse de la representación naturalista y académica para acercarse a un visión totémica y a veces alucinada de la figura humana, cargada de una potencia mágica. 

La siguiente sala lleva por título "¿Qué es una cabeza?" y está dedicada a la representación de la cabeza humana, tema central en la producción escultórica de Giacometti durante toda su vida. Desde las cabezas totémicas, pasa en 1928 a realizar cabezas planas que le llevan en 1929 a establecer por primera vez un contrato con una galería, la de Pierre Loeb. A lo largo de toda su carrera Giacometti demuestra que es un tema inagotable, si en un primer momento tuvo a su padre como modelo, tras la muerte de éste, fue su hermano Diego, la amiga y artista inglesa Isabel y la modelo profesional Rita los que posaron para él. Tras la guerra, lo hará su esposa Annette y al final de su vida, su joven amiga Carolina.

En la sala se exhibe la Femme qui marche (Mujer que camina) de 1932, concebida como un maniquí sin brazos ni cabeza, para la importante exposición surrealista de 1933.


Femme qui marche I (Mujer que camina I), 1932
Colección de la Fundación Giacometti, Paris, inv. 1994‐0138
© Succession Giacometti / SAVA, 2012

A partir de 1930, Giacometti crea numerosos objetos utilitarios: lámparas, jarrones o apliques, que eran vendidos por el decorador de vanguardia Jean-Michel Frank. Por encargo especial, también concibe bajorrelieves en yeso o terracota. En esos objetos Giacometti traza un sistema de equivalencias entre la figura humana y la naturaleza: como el árbol, el ser humano está atrapado en un ciclo de crecimiento y muerte que no puede ser detenido.

La sala 3 se denomina Jaulas y marcos y presenta esculturas como la Boule suspendue (Bola suspendida) donde Giacometti recurrió por primera vez al procedimiento de la “jaula”, que le permite delimitar un espacio onírico de representación.


Boule suspendue (Bola suspendida), 1930-1931 (versión de 1965)
Colección de la Fundación Giacometti, Paris, inv. 1994‐0250
© Succession Giacometti / SAVA, 2012

Después de regresar de Suiza, en septiembre de 1945, y hasta 1965 se dedica a investigar el espacio de la representación: las figuras tienen bases que las separan del suelo o se circunscriben a esas “jaulas” que delimitan un espacio virtual, como en la obra Le Nez (La nariz), donde la punta perfora ese espacio y se asoma al nuestro.


Le Nez (La Nariz), 1947 (versión de 1949) 
Colección de la Fundación Giacometti, Paris, inv. 1994‐0017 
© Succession Giacometti / SAVA, 2012 

En 1950, Giacometti realiza una serie de esculturas que traducen la imagen de un claro, donde los arboles serían mujeres y las piedras serían cabezas de hombre, una imagen que el artista más tarde ampliará hasta su máxima expresión, en tamaño real. Quatre femmes sur socle (Cuatro figuras sobre base) y Quatre figurines sur piédestal (Cuatro figurines sobre pedestal) son dos propuestas de cuatro mujeres de pie, vistas a distancias y en circunstancias diferentes. Con Trois hommes qui marchent (Tres hombres que caminan), Giacometti intenta atrapar en una escultura la visión fugitiva de figuras en movimiento, colocadas sobre una escena.


En esta sala además se alude al intercambio que Giacometti estableció con Jean-Paul Sartre. Se conocieron en 1941, y Sartre fue el autor de dos ensayos fundamentales sobre el arte de Giacometti publicados en 1948 y 1954. En 1948, el Estado francés quiso honrar a los intelectuales y artistas franceses, y le encargó a Giacometti una medalla dedicada a Jean-Paul Sartre; aunque nunca llegó a acuñarse, quedaron los diseños.

Poco antes de su regreso a París, en septiembre de 1945, Giacometti concibió una escultura que sería el prototipo de sus figuras paradas de la posguerra: Femme au chariot (Mujer con carro), que representa de nuevo la imagen, de memoria, de su amiga inglesa Isabel. De pie y de frente, con los brazos a los costados del cuerpo y la cara inexpresiva, esta escultura es emblemática de la búsqueda de Giacometti en torno a la figura femenina de pie.

La última sala, Figuras y bustos, refleja de nuevo la búsqueda que se inició con Femme au chariot. De 1945 a 1965 Giacometti se dedica a esculpir la figura femenina de pie, lo más neutra posible, para mostrar todas sus posibilidades expresivas y variedades infinitas. Sus figuras femeninas son siluetas alusivas, reducidas a veces a un solo rasgo, y siempre abordadas en etapas sucesivas que se traducen en series de obras. Liberadas de la jaula, ellas definen su propio espacio y se apropian de su entorno.

Bustos desprovistos de toda emoción o expresión, como receptáculos de lo que aporta el espectador. Para el artista, se trata de captar y transmitir la vida que palpita en el cuerpo del modelo, y no su psicología. Sus modelos favoritos son la gente que tiene cerca como Annette, su esposa desde 1949, o Diego, su hermano y asistente desde 1931. Giacometti trabaja de memoria y hace surgir su imagen en el seno de un espacio imaginario. Cuando trabaja con modelo vivo, rechaza la perspectiva clásica para restituir el modelo tal como lo ve, en su faceta deformada o parcelada, siempre cambiante. Sus rasgos distintivos se diluyen y a veces se funden, o se reducen a lo esencial.

Desde 1951 hasta su muerte, Giacometti realizó una serie de “cabezas negras”, que junto con algunas cabezas esculpidas anónimas, dan cuerpo al concepto de hombre “genérico”, que Sartre resumirá en 1964 en su novela Las palabras con la siguiente fórmula: “Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos”. Se trata de una contribución capital que hace Giacometti a la historia del retrato del siglo XX.

El Homme qui marche (Hombre que camina), su obra capital, simboliza, por sí solo, la propia naturaleza de este siglo; la soledad que habita este milenio agonizante, pero expresa también, en ese espacio que roza la nada, la habilidad de un hombre frente a sí mismo, en marcha hacia un nuevo destino, de pie, ante la esperanza.

L’homme qui marche I (Hombre que camina I), 1960. 
Colección de la Fundación Giacometti, Paris, inv. 1994‐0186 
© Succession Giacometti / SAVA, 2012

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