4 dic. 2008

Museo en bancarrota

En el mundo del arte la necesidad de patrocinadores es casi vital. Sino que se lo digan al Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. El MOCA, con 25 años de historia y una de las mejores colecciones artísticas posteriores a la II Guerra Mundial podría colgar el cartel 'Cerrado por deudas' en un plazo corto de tiempo si no consigue el dinero necesario para salvar la deuda económica que tiene. El centro esta rozando la barcarrota, la financiación pública que recibe es mínima y las donaciones cada vez menores.

El alcalde de la ciudad, Antonio Villaraigosa, se ha manifestado: "Hace algo más de dos décadas el MOCA surgió como un pionero temprano y esencial en el renacimiento del corazón de Los Ángeles. Hoy el museo es más que el ancla de este pasillo de las artes (...), es esencial para mantener el perfil rompedor de la ciudad en el mundo".

El millonario Eli Broad, principal filántropo de las artes en Los Ángeles, propusó una importante inversión de 23,6 millones de euros, oferta a la que aún no se ha respondido. Broad también se pronunció ante la situación "Ésta no es una ciudad de un único filántropo... No debemos volver nuestra espalda al MOCA". Esto provocó que la semana pasada unas 450 personas se dieran cita en el museo (numerosos artistas entre ellos como Andrea Fraser, Katia Grinna, Martin Kersels o James Welling) para apoyar al MOCA.

Como medidas de apoyo también se ha creado un grupo de movilización a favor del MOCA desde Facebook y páginas en Internet con la finalidad de recaudar fondos.

Otra de las soluciones planteadas para salir de la penosa situación es el alquiler de la colección permanente de pintura y escultura a otros museos. Estamos hablando de un fondo de más de 6.000 obras de artistas de la talla de Rothko, Pollock o Rauschenberg. También se ha sugerido la venta de algunas de estas obras, opción que sin duda daría una fuerte inyección económica al centro, dado el aumento de los precios en este mercado, pero que violaría el código ético no escrito de los museos de no desprenderse de su fondo a menos que sea para adquirir otra pieza más importante del mismo autor. Una tercera solución es la asociación del MOCA con el otro museo: el LACMA o Museo del Condado de Los Ángeles, mucho más boyante económicamente aunque mucho más conservador en su colección y en gustos.

Actualmente se esta estudiando la propuesta de Broad dado que nunca ha hecho públicas sus condiciones, sobre todo lo que espera a cambio, y ante la necesidad imperiosa de mantener a flote el museo, parece que la tercera de las posibilidades -asociación con el LACMA- es la que cobra más fuerza, la más factible pero también la más criticada, porque ello significaría técnicamente la desaparición del museo más transgresor de la ciudad.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Esto es el colmo de la crisis¡¡¡

Marvilla

Pilar dijo...

El MOCA se ha salvado:

La Vanguardia/ 4-01-2009

El filántropo Elie Broad ha salvado el MoCA con una ayuda millonaria

No quedaba dinero ni para pagar la electricidad. Por eso los responsables del National Academy Museum de Nueva York, un museo pequeño y tronado en la Quinta Avenida de Manhattan al borde del abismo financiero, decidieron vender dos obras de Edwin Church y de Sanford Robinson Gifford, pintores norteamericanos del siglo XIX.

El museo consiguió 13,5 millones de dólares con la transacción. Pero se ganó las iras del gremio museístico: vender obras de arte para financiar el funcionamiento de una institución es anatema.

Los problemas del National Academy Museum vienen de lejos y quizá la recesión que vive Estados Unidos sólo los haya agravado. Pero reflejan un fenómeno más amplio: en Estados Unidos, el vendaval económico y financiero también golpea al mundo cultural.

En un país como este, con un pulso artístico vigoroso e instituciones culturales en casi cada ciudad de provincia, la crisis no es catastrófica, pero algunos empiezan a notarla.

De Nueva York a Los Ángeles,museos, teatros, editoriales y productoras de cine han aplicado la tijera. La pérdida de público, la reducción de los presupuestos estatales y la caída de los donativos pasan factura.

En Broadway, durante las fiestas navideñas, se han visto las aglomeraciones de siempre. Las luces seguían brillando. Muchos espectáculos, sin embargo, se preparaban para echar el cierre con el año nuevo.

La deserción del público ha obligado a concluir antes de tiempo las representaciones de musicales laureados como Gipsy,que llenaba poco más de la mitad del aforo. Otras producciones de Broadway, como Grease y Hairspray,se despedirán del público en enero.

Al otro lado del país, en Hollywood, también llegan los ecos de la crisis. En el 2008, los ingresos cinematográficos en Estados Unidos y Canadá cayeron menos del 1%, pero sólo porque el precio de las entradas ha aumentado. La asistencia del público, en cambio, ha disminuido un 5%, según la agencia Reuters.

Según explicaba esta semana Los Angeles Times,puede haber más despidos que se sumen a los miles de los últimos meses. Representantes de la industria citados por este diario pronostican que la recesión precipitará cambios profundos en Hollywood, que constata cómo los ingresos por DVD se reducen y cómo parte del público deserta de las salas y el televisor hacia internet.

"Podemos eliminar todas las limusinas y los eventos con cuerda de terciopelo que queramos", declaró a Los Angeles Times Marty Kaplan, ex ejecutivo en Hollywood, en alusión a los recortes drásticos en las fiestas, parte esencial del glamur del sector. "Pero si seguimos gastando cien millones de dólares en películas que tienen pocas posibilidades de convertirse en grandes éxitos, es que estamos en un negocio inherentemente enloquecido", añadió Kaplan.

Cerca de Hollywood se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles(MoCA), que ha estado estado a punto de cerrar. Sólo lo ha salvado una ayuda de última hora del filántropo Elie Broad. "Es el mejor museo de arte contemporáneo del país", justificó Broad.

El 23 de diciembre, Broad anunció que entregaría de inmediato 15 millones de dólares al MoCA y 15 millones más en los próximos cinco años.

Este coleccionista multimillonario consolida así su dominio en Los Ángeles:ya financió la construcción de un nuevo edificio, que lleva su nombre, del Museo del Condado de Los Ángeles,inaugurado el año pasado.

En Estados Unidos, al contrario de la mayoría de los países europeos, el peso del Estado en la cultura es discreto. Como señala el escritor francés Frédéric Martel en el ensayo De la cultura en América,en este país la división no es entre sector público y sector privado, sino entre sector comercial y sector no lucrativo.

Hollywood y Broadway son ejemplos del sector comercial, que depende de inversores privados que buscan beneficios. Los museos y la ópera son ejemplos del sector no lucrativo, que vive de filántropos que no buscan el beneficio económico y disfrutan de exenciones fiscales (una forma de subvención indirecta).

Ahora los inversores son más prudentes a la hora de arriesgar su dinero. Los filántropos seleccionan con más atención a quién ayudan y es probable que privilegien los proyectos sociales más que los culturales.

Una de las víctimas ha sido la Ópera de Baltimore. Fundada hace 58 años, ha sufrido una pérdida de público y de donativos, lo que la ha obligado a declararse en suspensión de pagos y a anular las dos producciones previstas para la temporada de primavera, Porgy and Bess y El barbero de Sevilla.

El sector editorial también se resiente. Houghton Mifflin Harcourt, una de las editoriales más prestigiosas del país, que cuenta en su escudería con figuras como Philip Roth y Günter Grass, anunció en noviembre que congelaba, con excepciones, la contratación de nuevos manuscritos literarios.

Al mismo tiempo, los grandes grupos siguen pagando anticipos millonarios a personajes famosos: HarperCollins ha contratado por 2,5 millones de dólares a la humorista Sarah Silverman para escribir su primer libro.

Inevitablemente la recesión, que se originó en el estallido de la burbuja inmobiliaria, ha paralizado proyectos arquitectónicos. La construcción del rascacielos de Jean Nouvel en el centro de Manhattan, junto al Museo de Arte Moderno, ha quedado aplazada indefinidamente. En un artículo reciente, Nicolai Ourousoff, el crítico de arquitectura de The New York Times,se preguntaba: "¿Quién sabía hace un año que una de las eras más delirantes en la historia arquitectónica moderna se acercaba a su fin?".