13 feb. 2013

La tortura de los textos expositivos

"Textos expositivos y visitantes: ¿hablamos el mismo idioma", así tituló Joaquina Bobes la interesante charla que ofreció el pasado mes de octubre en CosmoCaixa Madrid dentro del III Simposio de Museología Científica.


(El vídeo dura 14 min, después aparece la ponencia en inglés.)

Joaquina comenzó citando el "paradójicamente actual" artículo de Bitgood "The ABCS of Label Design" (PDF aquí, muy recomendable su lectura!).

It could be argued that since the beginning of museums, exhibit labels have been used as instruments for torture on helpless visitors. One form of torture requires that visitors stand on their feet for long periods of time while reading labels containing hundreds of words.


Bitgood cita algunas de las torturas que pueden sufrir los visitantes a las exposiciones, tales como:

- textos demasiado extensos que obligan al espectador a permanecer mucho tiempo de pie.
- textos mal iluminados.
- textos demasiado técnicos.
- textos colocados en lugares difíciles de acceder
- textos con letras tan pequeñas que requieren una lupa.
- etc.

Seguro que todos en algún que otro momento los hemos sufrido, por lo tanto, por qué convertir los textos expositivos en una tortura?

Si realmente el objetivo de los textos que aparecen en una exposición es el de transmitir un mensaje, ¿por qué no evaluamos su "efectividad"?

Joaquina presenta un estudio que realizaron en ARTImetria para un museo de arte contemporáneo en España. El estudio lo realizaron con la exposición ya inaugurada a través de la observación no condicionada y de una posterior entrevista. Se basaron tanto en el audioguía como en los textos de pared, folletos, etc.

Los aspectos que se evaluaron fueron:

1. Capacidad de los textos para atraer la atención de los visitantes.

Se fijaron en las paradas:
a. Paradas sin lectura
b. Paradas con lectura
Muy pocas personas se pararon a leer el texto introductorio. 
En los textos de sala, tampoco muchas personas se pararon a leer. 
El folleto también fue muy poco consultado, frente al audioguia.

2. Capacidad de los textos para ser entendidos (en cuánto a contenido y en formato).

El texto introductorio no fue entendido por 1/3 de los visitantes, dijeron que era muy abstracto, poco claro, llegando incluso a decir que era un texto complejo, porque era de arte y por ende, poco claro. 

La realidad es que el texto era difícil de ver, porque estaba impreso en una base metálica con efecto espejo.

Los textos de sala eran algo más claros, pero aún así no fueron entendidos por todos, igual que el folleto, aludiendo a frases complejas. Estos textos tenían cuerpo de letra muy pequeña y eran largos.

El audioguia fue muy valorado, porque es más fácil escuchar que leer.

3. Nivel de satisfacción que generaron los textos en los visitantes.

A mayor entendibilidad de los textos, evidentemente es más probable mayor satisfacción de la visita.  Cuando no entendían los textos las personas el sentimiento de frustración incrementaba.

En definitiva, hay que pensar en los públicos al que se dirige la exposición, tener cuidado con la complejidad técnica de los textos, su longitud, su legibilidad, etc.

Quizás podemos incluir al visitante en el proceso previo al montaje expositivo y conocer su grado de satisfacción sobre los textos antes de la exposición. Esta tarea puede ser determinante para los textos finales.

Otro aspecto importante que indicó Joaquina es la necesidad que destinar dinero a la evaluación de los textos en las exposiciones.

Y tú, también has sido torturado por los textos expositivos?