6 ene. 2009

Tanto sales, tanto vales

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Lo queramos o no, en el mundo del arte hoy día priman los números y todo 'tiene un precio'. Ahora bien, ¿qué da más valor a una obra: su coste o su fama o valoración? ¿Acaso podemos cuantificar la influencia de un artista o de una obra?

Hace unos meses el economista David Galenson, de la Universidad de Chicago, llegó a una conclusión:

Las Señoritas de Avignon, de Picasso, es la mejor obra de arte de la historia.

¿Por qué?

Aparece reproducida 28 veces en los 33 libros de historia del arte que el economista utilizó para probar sus teoría.

¿Y qué obras ocupan los siguientes puestos?

El Monumento a la Tercera Internacional, de Vladímir Tatlin, con 25 reproducciones, y Spiral Jetty, de Robert Smithson, con 23.

¿Y el famoso urinario Fountain de Marcel Duchamp?

El ready-made ocupa el quinto lugar.

La creatividad experimental y conceptual

En realidad, Galenson lleva 10 años utilizando la estadística para analizar el mundo del arte y responder con ella a incógnitas como la genialidad oculta tras la mente de Cézanne o Rembrandt. Y según este economista, los historiadores del arte se equivocan al rechazar los números. Para él, negarse a aceptar los precios desorbitados que hoy alcanza el arte en las subastas es pecado. Y para probar que la vieja escuela se equivoca, y que el arte y el talento también pueden medirse publicó hace dos años el libro Old Masters and Young Geniuses: The Two Life Cycles of Artistic Creativity, donde proclamaba la existencia de dos tipos de creatividad: la experimental y la conceptual. Según Galenson, la primera sería la propia de creadores cuyas obras cumbre llegaban al final de su vida, mientras que la creatividad conceptual, en cambio, corresponde a quienes tienen un "ataque de genialidad" en su juventud y, por ello, se convierten en innovadores, por ejemplo, Damien Hirst.

¿Cómo desarrolló Galenson esta teoría?

Analizando el precio que las obras adquirían en las subastas y comprobando que la mayoría eran las mismas que se encontraban reproducidas en los libros de historia y en los catálogos de los museos. "En la mayoría de los casos, las obras reproducidas se concibieron a la misma edad que las que después se han subastado alcanzando los precios más altos. En el caso de Cézanne, sus obras más caras se corresponden con las realizadas a los 67 años. Para Picasso, son los cuadros que pintó a los 26 años", afirma Galenson.

Como la mayoría de las grandes obras de la historia del arte no salen a subasta, Galenson decidió embarcarse en la búsqueda de las mejores apoyándose en el número de veces que los cuadros aparecen reproducidos en los libros especializados, y desde hace un tiempo prepara un volumen sobre el que ya se ha pronunciado el comisario del MOMA, John Elderfield, "La lista es francamente ridícula, faltan los surrealistas y muchas de las mejores obras de todos los tiempos". Según Arthur C. Danto, crítico de The Nation, es difícil avalar esa teoría, ya que "el arte también está politizado, las ilustraciones de los libros también se corresponden con las modas o lo políticamente correcto".


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