3 jul. 2011

Marian Venceslá

Hice realidad mi idea
de convertir tu cuerpo en una ciudad.


Enredo mis dedos en los rayos de sol oblicuos de la calle Segovia y me pierdo en los ojos de la tarde.
Toco todos los timbres de un portal de Tirso, antíguo y oscuro, donde no contesta nadie.
Desciendo, ya en la noche, de Callao a Plaza de España, acariciando las fachadas y escuchando el transcurrir de los transeúntes
como un latido continuo que no para,
que me hace proseguir sin miedo,
que parece constante.

Tomando como inspiración el lugar en el que habito decido hacer un sondeo del cuerpo de la ciudad. De todas las formas de representación conocidas, los mapas, las descripciones, las fotografías, realizo un acercamiento desde un punto de vista plástico y escultórico: fundir los cuerpos arquitectónicos y los cuerpos humanos que la habitan en un mismo discurso para crear una imagen de la ciudad desde mi perspectiva personal. 
 


 
Un buen día, al contraponer la imagen del retrato de una persona erguida (con el torso descubierto y desafiante), a la fotografía de una torre cuadrada y robusta, surgió una asociación espontánea de similitud, no ya en un sentido puramente formal sino de aptitud. Decidí llevar este proceso más lejos para describir y ahondar en otro posible retrato de toda una ciudad: los edificios tienen aptitud, y las personas, estructura, y poco a poco se van difuminando los límites entre la mirada proyectada en uno y en otro, fundiéndose en una misma idea que conforma mi propio punto de vista sobre el tema.

También las ciudades creen que son obra de la mente o del azar, pero ni la una ni el otro bastan para tener en pie sus muros. De una ciudad no disfrutas las siete o las setenta y siete maravillas, sino la respuesta que da a una pregunta tuya.
- O la pregunta que te hace obligándote a responder.” Italo Calvino.

La ciudad, en el inicio de mi planteamiento, surge como un ente desconocido, un gigante difícil de entender, así que finalmente el objetivo de mi obra es hacer de lo ajeno y lo hostil algo familiar, efectuar un ejercicio de apropiación. Y para apropiarme de la ciudad he decidido convertirla en un cuerpo, borrar los límites que establecen la estructura formal y emocional del cuerpo humano y el cuerpo arquitectónico. Durante el proceso, y tras haberme sugerido estas pautas de creación, poco a poco la estructura de la urbe va cobrando vida y comiezan a surgir relaciones que, en un principio comienzan siendo más obvias y formales, y que después van evolucionando hacia una perspectiva de aptitud, de personalidad o carácter, incluso generando historias cada vez con mayor facilidad. Al acercar el objeto de conocimiento a la medida humana éste puede entrar más facilmente en el terreno de la intimidad. 
 


 

El ejercicio de fotografiar puede ser afrontado como un método de aprendizaje, ya que al establecer un juicio sobre la imagen que se persigue se profundiza en el entorno, se multiplica la intensidad de la mirada, se reflexiona sobre lo cotidiano para sublimarlo y finalmente se llega a través de la propia línea de trabajo a conclusiones específicas sobre la materia. El ejercicio de la mirada del fotógrafo es un trabajo de fondo, de ahondar en lo superficial estableciendo conexiones emotivas y sociales con los diferentes aspectos de la experiencia visual. 
 
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Texto: Marian Venceslá

3 comentarios :

Jorge Solana dijo...

Difícil asociación y excelentes resultados ! Hoy el arte es también innovar y sin duda ser original cada día es más difícil.
Saludos !!

ClaraHu dijo...

Muy original esta asociación entre cuerpos humanos y cuerpos arquitectónicos, además teniendo en cunta que s etrata de humanos viviendo en esas arquitecturas.
Otra propuesta que hay que seguir de cerca es Arte y Vida porque en ella lo que se une es el arte a la tecnología para crear vida artificial.

Pilar dijo...

@Jorge Solana. Gracias por tu aporte!

@ClaraHu. Claro, la unión arte & tecnología es uno de los campos más explorados en la actualidad ;)

Saludos, Pilar.